¡Flores, flores para los muertos!
gritaba la vendedora
en la ciudad de los muertos.
El silencio por respuesta...,
mientras ella repetía cada vez
con más aliento
¡Flores, flores para los muertos!
Silencio y más silencio...
Hasta quet por fin oyó
la respuesta desde sus adentros:
¡Aquí solo quedan,
los vivos muertos!
Amàlia Casajoana
30/1O/12