Sabiendo que le estaba esperando un largo otoño y un corto invierno,
un día de agosto como hoy, se levantó temprano; para dar su gratitud
a la flora y fauna de su jardín.
Con contenida emoción, fue recordando sus distintas estaciones:
sus olores, sus colores, sus luces y sus sombras.
Ese espacio creado por él, que siempre amó y nunca le defraudó.
En el meridiano de aquel mismo día, pisando el verde césped aún húmedo
por las gotas de rocío, con esa serenidad que siempre le había caracterizado,
sin prisa...
¡se fue para no volver!
Nos miramos sin decir palabra: trás de sí, dejo con su fragancia aquel lugar,
¡para ser recordado!
Amàlia Casajoana
23/8/16
