Una gota de agua que brillaba al caer, se perdió en la oscuridad en un mundo de ciegos.
"Buscó la luz, pero no la supo ver".
Con el tiempo, lentamente, sus ojos se apagaron y quedó atrapada en su propia ceguera.
La gota de agua olvidó su luz y pasó por el mundo a ciegas.
Se adaptó a la oscuridad y esa fue su verdad.
Se perdió la inmensa luz del sol y el pálido reflejo de la luna y las estrellas.
No vió como crecían las flores a su alrededor ni el ágil volar de los pájaros. Miró sin ver
los vistosos y atercipelados colores de las frágiles mariposas.
En su oscuridad no pudo ver el azul del cielo y el arco iris después de la lluvia.
¡Se olvidó de vivir!
Un día, la fuerza de la vida la hizo reaccionar:
Empezó a vibrar con el zumbido del viento de otoño y la brisa de la primavera.
Su corazón se llenó de emoción con el aroma de las flores y el trinar de los pájaros.
Por fin, la gota de agua sonrió feliz, estaba oyendo otra vez el murmullo del agua al caer,
y lentamente, fue recordando quién era.
Cansada de tanta oscuridad, quiso volver al océano de donde provenía. La gota de agua empezó a brillar y su propia luz la condujo de vuelta a la mar.
Amàlia Casajoana
27/2/00
