Como tantos otros amaneceres,
hoy, he abierto el balcón.
Una espesa niebla oscurecía el paisaje.
Percibí tu presencia, sin embargo,
no pude ver tu luz.
Inesperadamente, una pareja de mirlos
que anidan en nuestro jardín
ha salido de aquella húmeda atmósfera,
para recuperar el movimiento
de sus entumecidas alas.
Esta imagen me ha hecho recordar
que la oscuridad, al igual que la niebla,
¡atrapa!, y solo puedes liberarte de ella,
cuando la luz la desvanece.
Amàlia Casajoana
10/5/16
