Sin reproche ni pensamiento alguno
que perturbase mi paz interior,
me vi resurgiendo de mi propio vacío.
Subí a la montaña más alta,
en busca de la llave del altar mayor,
la que abre la puerta de lo eterno.
¡Allí percibí tu alma!
y la pude ver,
¡en el primer albor de los rayos del sol!
Amàlia Casajoana
19/8/16
