Me seduce, me atrae
su flor blanca y rosada
que se pierde en primavera,
y en verano,
cuando a través de su piel
se adivina su sabor.
La genética transforma sus colores,
desde el blanco inmaculado al rosa.
Pasando por el rojo carmin,
¡para inducir al beso!
Sin embargo,
su entrega solo es para retornar,
¡a la flor del cerezo!
Amàlia Casajoana
14/8/16
