Imagínate a ti mismo caminando por un espacio donde se refleja una tenue luz que no es caliente ni fría. El paisaje más bien parece un desierto que otra cosa. No obstante, tú ves ahí algunas imágenes que te son familiares.
Aislado, no muy lejos de donde estás, te llama la atención un montículo que no podrías definir como es porque no se parece a lo conocido por ti. Esto te hace dudar si es de arena o es de tierra. Sin embargo, tu intuición te dice sal del camino y acércate a él.
(Ahora viene la metáfora)
La mayor parte de la humanidad no es consciente de la intuición y pasaría frente a ese montículo sin percatarse de que está allí. Otros, que ya están más evolucionados, oirían esa voz, más creerían que ha sido fruto de su imaginación y continuarían su camino.
¿Pero que pasa contigo alma antigua? ¿Dejarás el camino y te dirigirás a ese montículo que te ha llamado la atención? ¡Por supuesto que sí!
A medida que vas aproximándote a ese desnivel lo ves con más claridad y percibes unos jeroglíficos inscritos en la puerta de entrada que te son totalmente desconocidos. Así mismo, te fijas que en la parte superior hay una inscripción que te resulta familiar y esto despierta aún más tu interés.
Sin embargo, no todos mostraran el mismo interés, simplemente pasaran por el umbral de esa puerta, aran algún comentario al respecto pero no entraran por miedo a lo desconocido, o quizás, porque podrían verse perjudicados por lo que pudiera ocurrir.
¡Pero tú quieres descubrir lo que hay ahí! Empujas la puerta con sumo cuidado y quedas sorprendido por su ligereza, ya que te dio la sensación de que te estaba esperando. Sin más preámbulo entras en aquel espacio donde percibes un soplo de aire fresco. No obstante, para la gran mayoría pasaría inadvertido porque no lo creerían posible.
¡Mantente neutral! Atraviesa el umbral y te encontrarás en un espacio ¡multidimensional! Quédate en esa vibración de amor. En el centro mismo, se halla una escultura humana de gran belleza que brilla más que la propia luz.
Puede que tengas la sensación de haber entrado en un hemiciclo o biblioteca porque está repleto de libros y pergaminos, alguno de ellos muy antiguo.
Pero lo más atrayente para ti es esa energía que emana la figura de luz que se halla en el centro. Cuanto más te acercas a ella más vibran las células de tu cuerpo. No sabes porque, pero en esa vibración te sientes muy amado. En ese estado de éxtasis oyes una voz que te dice: ¡Bien venido a casa viejo amigo!
Amalia Casajoana
<II de IV>
