Desde mi perspectiva de conocimiento del ser humano, siempre he querido ver su bondad. Quizás esto, me ha resultado más fácil para comprenderlo y amarlo. No obstante, me estoy dando cuenta que las personas pueden llegar a límites insospechados de maldad.
¿Pero quién decide lo que es bueno o malo?
¡Creo que uno mismo! Así es, cuando dejas de culpar a los demás por tus desgracias y aceptas que no puedes desvincularte de tu libre albedrio, tomas consciencia de que solo tú puedes elegir como quieres ser.
Sin embargo, el amor lo engloba todo, y en mi ignorancia, no puedo juzgar la omnipotencia de Dios.
Amàlia Casajoana
2/3/22
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