INTRODUCCIÓN
En esta historia, la vivencia del águila y el halcón ha sido breve pero intensa, de una gran profundidad de sentimientos. En ella no hay vencedor ni vencido, solo se refleja en cada uno de ellos su estado actual de consciencia.
La consciencia nos es dada. Cuándo y cómo la despertemos dependerá de cada uno de nosotros.
La actitud que adoptemos frente a la vida será el detonante que marcará la dureza o suavidad con la que por ella queremos ser tratados.
Todo está en ti,
descubrirlo es tu misión.
EL ÁGUILA Y EL HALCÓN
Desde la cima de un monte, un águila divisó a un halcón herido en el corazón.
Para protegerse de los depredadores, el halcón escondía su dolor, pero el águila, en lo más profundo de su alma, percibió su llanto interior.
Conmovida por el sufrimiento del halcón, bajó de lo alto de la cima para aliviar su dolor.
El halcón, al verla se asustó. Ella se dio cuenta y se dijo a sí misma:
¿qué debo hacer para ganarme la confianza de este halcón?
En aquel momento, pensó que lo más honesto sería mostrarle el alma, así podría ver en ella las cicatrices de sus heridas que con el tiempo curó.
Sensible al sufrimiento del halcón el águila se le acercó con sumo cuidado; quería transmitirle su fuerza interior, pero el halcón, confuso por la nobleza que de ella se desprendía, temeroso de que en todo aquello hubiese engaño, empezó a desconfiar.
El águila se percató de ello. No obstante, quería saber acerca de su herida e intuyó que solo podría lograrlo si conseguía establecer una buena conexión entre ambos.
Mentalmente se dijo: es cuestión de tiempo, esperaré a que él muestre algún interés en este sentido.
El halcón escondía su mirada para proteger su dolor de los demás, pero la sonrisa alegre del águila le cogió por sorpresa y se atrevió a preguntarle:
▶ ¿Cómo entiendes tú el amor?
Al águila le había costado muchas lágrimas encontrar el amor y le gustaba hablar de él. En un instante, su mirada se encendió y de su interior emanaron destellos luminosos. Eso inquietó aún más al cauteloso halcón. No obstante, su curiosidad fue más fuerte que su temor y permaneció en silencio mientras ella expresaba este sentimiento.
El águila, con su habitual espontaneidad, reveló al halcón sus conocimientos más profundos acerca del amor. Sin embargo, el mensaje que el águila le estaba transmitiendo superaba su comprensión, e instintivamente, el alado, sintió deseos de huir, pensó que esta conversación era peligrosa, sus palabras le estaban despertando sentimientos y emociones que le hacían revolotear el alma y no quería arriesgarse a sufrir unas consecuencias que imaginaba terribles.
Ella percibió su inquietud y en un momento, haciendo gala de su buena intención le sacó de su error. Esto tranquilizó al halcón, momento que el águila aprovecho para preguntarle: ¿Por qué no disipamos dudas conociéndonos mejor? Esta propuesta agradó al alado y acordaron continuar esta conversación donde ella habitaba. Aquel lugar deprendía paz y el águila pensó que esto facilitaría que el halcón comprendiera la grandeza del sentimiento.
Los destellos luminosos del águila al hablar del amor eran desconocidos para el halcón y a pesar de sus dudas no pudo resistirse a la tentación.
Este proyecto, hizo que el águila agitara sus alas alegremente, él la quiso imitar, pero al mover las suyas sintió avivarse el dolor de su herida.
El águila, que empezaba a sentir afecto por aquel personaje, al darse cuenta de lo que le estaba sucediendo, sutilmente buscó la manera de disipar su dolor y creyó que si previamente le describía el maravilloso lugar donde ella se refugiaba, probablemente, esto se lo haría olvidar.
Como una voz en off, el águila hablaba con pleno conocimiento del lugar. Describió una inmensa montaña donde confluían dos ríos que al unísono, creaban con su fuerza una inmensa cascada de agua cristalina, que a su vez, abastecía un caudaloso estanque donde se reflejaban los destellos dorados de un radiante sol. Al anochecer, un manto de estrellas daba una visión bucólica del lugar.
El agua, elixir divino, daba vida a un frondoso jardín de árboles milenarios que milagrosamente se reproducían en el subsuelo de un tapiz verde esmeralda. La botánica emergente mostraba una gran variedad de colores, sin embargo, para los sentidos, lo más atrayente era su fragancia.
El águila describía aquel lugar con tal fuerza, que el halcón lo podía percibir como si estuviese ahí mismo.
No olvidó mencionar a los querubines que habían llegado a través de la luz solar y que se divertían deslizándose por la cascada. Ni tampoco olvido, uno de los personajes clave que allí habitaba: el búho, denominado " el sabio" por todos los congéneres que conocian su magia y su buen hacer.
En la narración del águila, emanaban sus sentimientos más profundos. Este detalle despertó interés en el alado, ella lo percibió, hizo un profundo respiro y continuó. En su fuero interno, el águila sabía que la energía de aquel lugar sanaría al halcón de su herida y perdería el miedo a descubrir el amor.
Pero no fue así. El halcón acomodado en su dolor le era más fácil pensar que aquel relato solo era cosa de la desbordada imaginación del águila. Aleteó torpemente, queriendo mostrar que se encontraba bien tal como estaba; aún no se conocían lo suficiente y en el fondo podía tratarse de un engaño que le haría sufrir. Sería mejor olvidar aquel encuentro y no perturbar más su corazón.
El águila, en la expresión que puso el alado, se percató de su ignorancia acerca del amor y pensó que el halcón aún no estaba preparado para entrar en esta sintonía. Tenía que darle tiempo para que él mismo lo descubriera y creyó conveniente posponer su ayuda para más adelante. Sin embargo, el destino tenía otros planes para ellos y aprovechó las circunstancias para que pudiesen experimentar "las distintas caras que tiene el amor".
Cuando aprendas a amarte
y te aceptes tal como eres
comprenderás mi amor.
I I
EL ESPEJO DEL ÁGUILA
Desde su refugio, el águila contempló el paisaje que le rodeaba. Esta imagen hizo que un fuerte temblor sacudiera todo su cuerpo haciéndola estremecer. El proceder del halcón la había dejado sumida en la tristeza y los destellos luminosos de sus ojos se habían apagado.
No obstante, el águila comprendió que no podía seguir perturbada por aquella vivencia y decidió reanudar su vida cotidiana. Sin embargo,escondió su mirada imitando al halcón para que su dolor no fuera descubierto.
Este proceder no era lógico en ella, pero aquellos sentimientos eran desconocidos y no sabía cómo encauzarlos. De pronto como si de magia se tratara se dijo:
▶ ¿Dónde está mi valor y mi espíritu de fortaleza?
No podía hundirse y pensó que en estos casos lo más prudente era pedir ayuda y recordó a su amigo, el búho sabio que tantas veces la había aconsejado, y creyó que lo más acertado seria hablar con él sobre los sentimientos que la perturbaban. Bajó al estanque, confiaba que le encontraría en uno de los olivos cercano a la cascada. Sin más, extendió sus alas y descendió hacia allí.
El búho, al ver al águila, intuyo que necesitaba ayuda y la invitó a que se aproximara. Cuando estuvo cerca, el águila pudo percibir el cálido amor que del búho se desprendía.
El búho sabía muy bien porque el águila estaba allí y cuál era la causa de su dolor. Sin más dilación se dispuso ayudarla. El búho, experto en manipular la materia etérea, empezó a reproducir las imágenes que habían sido guardadas en el registro akáhsico. El águila prestó mucha atención a lo que se le estaba mostrando y sin saber cómo, se encontró en dicho evento en tiempo real, sintiéndose espectadora y protagonista a la vez.
Sorprendida por aquella experiencia, quiso saber más. El búho intuyó su interés y muy sutilmente continuó mostrándole sus vivencias con el halcón. Las imágenes se iban sucediendo y esta vez, el águila, pudo revivir esta experiencia desde la luz del conocimiento.
El halcón era un caos de sentimientos: amor, miedo, dolor. Ahogaba sus emociones y daba muerte al guerrero, y cuando ella irrumpió en su vida, despertó de nuevo en él deseos de vivir. ¡No se lo permitiría! buscaría una excusa para deshacerse de su compañía, ya que con esta relación quedaba expuesta su parte más vulnerable: la carencia de su autoestima.
Creyó,que encontrar las debilidades del águila le daría suficientes razones para tener una buena excusa y librarse de ella. Empezó a escudriñar en el proceder del águila:
Para su gusto era demasiado espontánea. En el fondo, no se conocían lo suficiente para actuar con tanta libertad. ¿Y si su proceder no era lo que parecía?
Al llegar a este punto, la duda del halcón alertó al águila. El búho, que la conocía muy bien, percibió su inquietud y le preguntó:
▶ ¿Lo volverías a hacer?
El águila guardó silencio unos momentos, miró al búho y le respondió:
▶ Sin duda alguna.
El búho siguió plasmando las vivencias del águila con el halcón para que ella, pudiese ver desde un estado más elevado de consciencia, el desequilibrio que sufría el alado, "por miedo a amar y ser amado".
Las dudas que creó el halcón para deshacerse del águila no dieron el resultado por él esperado y cambió su actitud al respecto. ¿Por qué no darme otra oportunidad pensó...? Ella, se ve predispuesta a ayudarme y yo no pierdo nada por probar.
¡El egoismo del alado no tenia límites!, en ningún momento pensó en el daño que su proceder podía causar al águila. Sin embargo, ella, siempre estuvo predispuesta a dar más oportunidades al halcón y esta vez no sería distinto. Esta nueva oportunidad que se dieron, les aportó a ambos un conocimiento más profundo del otro y la amistad fue creciendo en sus corazones.
En aquel instante, el búho, miró la expresión del águila y pensó:
“Realmente desprende destellos luminosos”.
Al halcón, le agradaba el águila, pero esta relación le suponía perder lo que él consideraba su libertad, por eso se lo pensaría muy bien antes de tomar una decisión tan comprometida y creyó conveniente darse un margen de tiempo antes de pronunciarse al respecto.
Reflexionó sobre sus sentimientos hacia el águila y decidió que lo más acertado sería ponerlos a prueba estrechando vínculos. Decisión que propuso al águila de forma muy sutil.
Al águila, predispuesta a consolidar digámoslo así, su amistad con el alado, al oír su propuesta, no le importó mostrar su alegría y pensó que esta era una buena oportunidad para celebrarla y así se lo propuso al halcón. Ambos estuvieron de acuerdo que el lugar más romántico era la cima del monte donde ella pernotaba."Desde aquel lugar daba la sensación, que se podían tocar las estrellas".
A la hora convenida el halcón hizo acto de presencia, sorprendiendo al águila con un bonito ramo de flores silvestres que había ido recogiendo por el camino.
Este detalle conmovió al águila. No estaba acostumbrada a recibir delicadezas por su parte. Sin embargo, el halcón parecía estar en su mejor momento y aprovechó esta circunstancia para manifestar al águila lo agradable que era estar junto a ella.
Al ver estas imágenes, el corazón del águila latió aceleradamente. El búho respetó su emoción y espero unos instantes para que ella disfrutara del momento.
Después de esta experiencia junto al águila el halcón aún la deseaba más, pero pensó que ese estado emocional era peligroso para él. Se hallaba en un punto delicado entre lo "racional y lo emocional". Esto le incomodaba y decidió aislarse otra vez para no errar en su decisión.
Pero el destino de ambos jugó fuerte y pocos días después les volvió a unir. Para el alado fue una señal de buen augurio y sugirió al águila que podían repetir la experiencia al anochecer del siguiente día.
Aquel día el águila estaba radiante, ¡desprendía luz!. El halcón no se hizo esperar, se sentía seguro de los sentimientos que sentía por ella y el águila pudo ver en su mirada, la ilusión de un corazón enamorado.
Al revivir aquellas secuencias, el águila, sintió un temblor que sacudió todo su cuerpo, levantó su mirada y vio al búho, y se dijo:"realmente nada se pierde en el universo y se dejo llevar otra vez por su magi".
Aquel día, el sol resplandecía en sus corazones a pesar de estar oculto tras un cielo gris. Para el águila era como un bello sueño y el halcón, a su vez, expresó sus emociónes revoloteando como un adolescente.
Aquel encuentro prometía. Pero las dudas del halcón iban y venían como si de un baile siniestro se tratara, hasta que inesperadamente, la oscuridad que le acompañaba se alzó y se apoderó de él, atacándole violentamente. Este, influenciado por esa energía, culpó al águila de sus emociones, de sus deseos y también de su inseguridad. Le irritaba ver la certeza del amor que ella mostraba hacia él, e intentó encontrar en su proceder un motivo de ruptura.
Las imágenes que en aquel momento tenían lugar, manifestaban de forma clara e inequívoca la angustia que el halcón estaba sintiendo. Verle así, conmovió en el águila una gran compasión.
El búho, que conocía profundamente la generosidad de su alma, la tranquilizó y el águila siguió inmersa en su experiencia.
A pesar de su inestable situación emocional, a la hora convenida el halcón llegó a su cita. El águila, al verle, le notó una cierta frialdad, que él disimulo como pudo.
El águila, había preparado un ambiente acogedor y el halcón quiso ser amable con ella y le hizo sus cumplidos al respecto. Sin embargo, en la mente del halcón seguía atormentándole la duda. Aun así, su atracción por el águila era más fuerte y se dejó llevar...
Las caricias surgieron espontáneamente como la vida en primavera. El águila por su parte desprendió su fragancia como una hermosa flor, envolviendo suavemente al halcón; él, a su vez, hizo sonar violines en su corazón.
La belleza de aquel momento era desconocida para el águila y vio en el halcón al compañero de su vida.
¡No fue así para el halcón! este, de pronto reaccionó: "todo aquello implicaba demasiado compromiso para él y no estaba preparado para asumirlo. Sin más, en un ataque de ansiedad, agitando sus alas torpemente se perdió en un cielo oscuro y lleno de entre ellas".
Revivir aquel momento supuso para el águila, comprender que el amor es cosa de uno mismo y no se puede pretender ser correspondido de igual manera por otros. Cerró los ojos y espero una nueva secuencia.
S i te falta el valor para lanzarte,
por mucho que agites tus alas
no conseguirás volar.
III
EL ENEMIGO DEL HALCÓN
El trinar de los pájaros despertó al águila, lentamente agitó sus alas y se dispuso a respirar el aire fresco de la mañana de una radiante primavera.
En el estanque la vida fluía alegremente. Aquel lugar era un regalo divino que el águila agradecía desde su sentir más profundo.
La sensación del momento hizo recordar al águila los últimos acontecimientos vividos con su amado halcón.
En los días fríos de invierno el halcón acusaba más su soledad e insinuó al águila que le gustaría estar acompañado en esas fechas. Este comentario sensibilizó al águila y a pesar de conocer el carácter inestables del alado, le brindó su ayuda para mejorar en lo posible su situación.
El halcón era imprevisible, a pesar de ello, el águila se mostro generosa y fue precisamente esto, lo que enfureció al halcón y la reación de "su ego" no se hizo esperar.
Herido en lo más profundo de su orgullo, despreció de forma despectiva la acogida sincera del águila, manifestándole, que seguiria su camino sin contar con su compañia. Dando por terminada su relación.
Una vez más, el desagradable proceder del halcón la dejó perpleja, pero intuía que su forma de actuar estaba relacionada con el dolor de su herida. Esto no evitó que se preguntara:
▶ ¿Cuál debe ser la causa que provoca en él una reacción tan grosera?
Al cabo de un tiempo, un encuentro casual terminó con aquel silencio.
El halcón, continuaba con su divagar, en todo aquel tiempo no había mejorado en su proceder. Sin embargo, el águila, habló al halcón con su habitual sinceridad, manifestándole que sus sentimientos hacia él no habían cambiado pero no estaba dispuesta a seguir su juego.
Como por obra de magia, los encuentros casuales se fueron sucediendo, avivando el amor que el águila sentía por él. El halcón como siempre, se dejó llevar... pero ella intuyó que la suavidad que aparentaba no tendría demasiado recorrido. Al cabo unos días, en su semblante otra vez se reflejaba el sufrimiento por causa de los últimos acontecimientos relacionados con su herida que tan celosamente guardaba.
El águila, sensible al dolor del halcón, intentó ayudarle. Para sacarle de su tristeza le recordó el afecto que ella sentía por él y aprovechó la circunstancia para obsequiarle una vistosa pluma de colores, que gracias a su destreza había conseguido para él. Aunque este detalle le agradó, el halcón siguió sumido en su dolor y otra vez silenció el motivo que se lo provocaba y sin más se perdió en aquellos parajes para no ser visto.
Estos cambios de carácter eran habituales en el halcón y el águila pensó que tenía que averiguar hasta dónde podía llegar su tolerancia en el proceder del alado, así que le envino este mensaje.
▶ ¿Qué quieres de mí?
Unos días después, el águila recibió la respuesta del alado.
▶ Con un cierto abatimiento dijo: ni yo mismo conozco la respuesta.
No había dudas al respecto, el halcón estaba sumido en un caos de sentimientos. Su corazón se debatía entre su atracción por el águila o huir para seguir inmerso en su soledad. Disculpándose por su silencio, se dio tiempo para prolongar su decisión alegando una recaída en su herida.
De su tono de voz se desprendía la tristeza. El águila, al percibirla, quiso correr hacía él pero el halcón frenó su impulso y le sugirió que esperase a que él estuviese emocionalmente preparado para ese encuentro.
El día convenido el corazón del águila latía aceleradamente. El halcón, a su vez, sorprendió al águila luciendo la vistosa pluma que ella le había obsequiado.
¡Al ver al águila, el rostro del halcón se iluminó!, ella se dejó seducir y una atrayente sintonía fluyó entre los dos. Los sentimientos afloraron en sus corazones y la magia del momento les envolvió.
Pero las dudas del halcón no cesaban y pusieron al águila en alerta sobre posibles cambios en el proceder del alado. Ella, con toda la sutileza de que era capaz, evitó cualquier situación de conflicto que pudiera poner en peligro ese momento.
El halcón estaba haciendo un gran esfuerzo para mantenerse firme en su decisión. El amor sincero que el águila le mostraba le estaba ayudando a vencer su enquistado miedo al compromiso.
Esta victoria sobre él mismo, le dio coraje para exponer al águila la idea que estaba desarrollando para su posible convivencia. Ella prestó atención y se dijo: ¿será esa su forma de entender el amor?
Sin embargo, aquellas palabras pronunciadas por el halcón no eran creíbles para ninguno de los dos. El poderoso enemigo que le subyugaba, inesperadamente hizo acto de presencia y todo su argumento se desplomó.
El fantasma, creado por una mente fría y egoísta le dominaba, perjudicando de forma inequívoca su autoestima.
El águila no estaba dispuesta a seguir con una relación de tres y quiso conocer a su competidor personalmente, pero este, hábil en retiradas lo intuyó, y con mucha habilidad se esfumó como la niebla.
El águila no se dio por vencida y estudió una estrategia para atraparle: "esta vez iría en su busca cuando menos se lo esperara".
Sin previo aviso y con sumo cuidado para no ser vista, el águila bajó al refugio donde el halcón pernoctaba.
A pesar de todas sus precauciones, el carcelero del halcón la detectó pero se mantuvo impasible. Sabia que dominaba el corazón del alado y no estaba dispuesto a ceder: le pertenecía y los sentimientos sobraban.
La dureza que el halcón mostraba cuando era poseido por el miedo, impresionó al águila y la hizo retroceder. La prudencia le aconsejó esperar: no obstante, advirtió al alado que volvería.
Al caer la noche, el águila descendió otra vez de la cima, para intentar salvar al halcón de su propia oscuridad.
"En el refugio donde él habitaba había un silencio sobrecogedor, esto, hizo sospechar al águila de la gravedad de la situación. El siniestro personaje que subyugaba al alado, jugó con ventaja, sabía que ella volvería y le tenía preparada una encerrona. Cerró cuidadosamente puertas y ventanas, apagó todas las luces y para más seguridad, paralizó el corazón del halcón y doblegó su voluntad".
La crueldad con la que el enemigo del halcón preparó esta farsa, hirió profundamente el corazón sensible del águila y el amor que sentía por él la hizo desistir en su empeño.
Sin embargo, el interés del águila en hablar con esa sombra, se avivó y en un descuido por su parte, ¡lo consiguió!
El oscuro personaje que sometía al halcón, que no era otro que su propio miedo, aún estaba al acecho y para asegurar su poder siguió potenciando en su mente las ventajas de la soledad. Acostumbrado a obedecerle, el incauto halcón se convirtió en su esclavo y esperó la visita que el águila le había anunciado para apartarla definitivamente de su vida.
Segura de sí misma, el águila no se hizo esperar, quería ayudar a su amado halcón a librarse de su propio miedo, pero este no estaba dispuesto a renunciar a su presa y usó toda su influencia para someterlo una vez más.
Ella quería saber con certeza a cuál de ellos se estaba dirigiendo, insistió para que se mostrará. Cuando se hizo visible no le reconoció, detrás de aquella máscara, solo vio un corazón herido.
En su inmenso amor, el águila compendió la situación personal del halcón y vio con claridad que solo él podía cambiarla.
Esta reflexión hizo recapacitar al águila y creyó oportuno liberar al halcón de su presencia. Y extendiendo sus alas voló majestuosamente hacia la cima del monte de donde bajo.
Él, de momento, pareció que le complacía la decisión del águila e incluso se atrevió a lanzar un suspiro de sosiego."Pero ella sabía que todo era puro teatro".
El amor que el águila despertó en el corazón del halcón no paró de crecer. Sin embargo, los celos que su miedo creó en él por este sentimiento hacia ella, los utilizó cruelmente para dañar su corazón y aprovechó la posición privilegiada que tenía en su mente para derrotar su voluntad.
Con el tiempo, el halcón, seguramente recordará estas secuencias de su vida y probablemente moverá sus alas, pero ¿se atreverá a volar?
El amor no ama
lo que parece hermoso.
Hace que todo sea hermoso.
IV
EL AMIGO DEL ÁGUILA
El águila extendió sus alas y por primera vez fue consciente de ellas.
Eran flexibles, suaves y armoniosas.
La sorprendieron. Jamás creyó que las tuviera y se preguntó si las habría llevado siempre.
Ella sabía que podía volar, pero ignoraba la fuerza que la sostenía.
Se notaba más ligera. ¿Qué había ocurrido? Miró hacia el horizonte y solo vio luz. Mentalmente se dijo:
▶ “¿Habré dejado mi cuerpo?”
Comprobó que sus plumas brillaban con el reflejo del sol. Aún se hallaba en el estanque dorado allá en la cima del monte. Nada había cambiado, excepto ella.
Desde la última vez que vio al halcón, todo le parecía distinto. ¿Estaría soñando o habrían transcurrido mil años? En aquel momento creyó que este detalle carecía de importancia.
Estaba alegre, radiante, llena de vida. ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Sería esto el amor? Buscó en su interior, cerró los ojos y quedó en silencio. En esa quietud, la paz la envolvió y como en un susurro, surgió la respuesta:
“El amor es el punto de equilibrio entre el saber y el sentir, así se genera su fuerza. La libertad y la felicidad son su fruto.”
El miedo, la duda y el sufrimiento “son la consecuencia de ignorarlo.”
Aquella revelación le hizo recordar nuevamente al halcón y pensó:
▶ “¿Llegará el halcón a descubrirlo?”
Le pareció oír: “naturalmente, cuando como tú aprenda a escuchar su corazón”.
De pronto se dio cuenta de que alguien respondía a sus pensamientos. ¿Quién sería?, se preguntó... y en aquel momento llegó la respuesta. " La experiencia.”
Esto tranquilizó al águila y continuó inmersa en sus pensamientos. ¿Qué fue lo que hirió el corazón del halcón? Inmediatamente oyó:
"Una mente despierta y un corazón dormido”.
El águila quedó perpleja con aquella respuesta. Esto la hizo reflexionar. Pero ¿qué escondía el halcón detrás de su herida? Otra vez le pareció oír:
"Su miedo al amor”
Se preguntó si había sido ese el motivo que había despertado en ella aquel interés en él.
¡Por supuesto, eso fue!
Por ese motivo el águila, con toda candidez, le había mostrado su amor, para que él perdiera su miedo. Esto había desconcertado todavía más al maltrecho halcón, y aunque en algún momento sintió una cierta atracción hacia ella, su miedo al amor le hizo ver el peligro que corría a su lado y su mejor consejero fueron las dudas.
Acostumbrado a ellas, había maquinado cómo librarse del águila, y para conseguirlo, utilizó la dureza a la que él estaba acostumbrado, el rechazo y el desprecio, lo mismo que sentía por él.
Ella no pudo evitar un cierto dolor por la forma de proceder del halcón, pero a pesar de ello su amor por él creció.
Esta persistencia en el sentimiento la intrigó. Entró de lleno en la situación para poderla comprender y de pronto, como si una chispa de luz iluminara su mente pudo ver con claridad. Para ella, aquella vivencia había completado su ciclo de amor. Entendió a su vez que si el amor lo genera uno mismo, ¿cómo lo habría experimentado sin vivirlo?
¡Por eso le amaba!
Con la emoción del momento volvieron a brillar en sus ojos los destellos luminosos, miró nuevamente al horizonte y esta vez vio eternidad.
Confiada se lanzó al vacío. Ahora conocía la fuerza que la sostenía: El amor.
En algún momento le pareció oír:
¿Te olvidarás del halcón?
Ella pensó que quizás su rostro o su nombre, pero nunca olvidaría su amor por él.
Amàlia Casajoana.
(Histori real en l998.
escrito actualizado agosto 2021)
EPÍLOGO
El halcón herido en el corazón, después de mucho tiempo de seguir sufriendo, entendió a través del dolor la causa del mismo.
El miedo que tenía a conocerse le paralizaba, hasta que comprendió que solo el amor por él mismo podía liberarle.
Recordó al águila y el amor que sintió por él, y reconoció en ella a su propio Ser.
Este reconocimiento le dio el valor suficiente para lanzarse a volar.
CONTRAPORTADA
El águila y el halcón es un pasaje de la existencia real de dos seres que vivieron intensamente los sentimientos y emociones que la vida les ofrecía en aquel momento.
La fuerza que se desprende de esta historia despierta aquella parte de nosotros que creíamos dormida, no obstante, siempre estuvo latente en nuestro interior esperando la oportunidad de ser manifestada: el amor.
Ese amor que deja al descubierto todas aquellas carencias que vamos acumulando a lo largo de nuestra existencia.
Amàlia Casajoana
