Parece que está aquí,
que es nuestro,
entre dos cuerpos, guardado entre los besos.
En su fugacidad,
llega fuerte, muy hondo,
que aunque vuele y se huya,
con el alma del alma, decimos,
¡amor mío!
Y el pasado se ve tan escrito en los ojos,
que mirar a alguien bien,
es alegría
que brota del alma.
En lo eterno,
la aurora borra noches, el tiempo borra el tiempo,
pero tú nombre...
¿quién dime, quien va a borrarlo?
Si no lo ha escrito nadie como yo.
Si me hablas por la noche,
en ese ámbito que los ojos no ven,
no hay ni noche, ni soledad,
solo hay la luz del oír y su leve besar.
Qué fácil unidad de los que son iguales.
No obstante,
hay luz a las diferencias entre tú y yo
que llaman nuestro amor a la alerta
¡cara a cara a probarse!
Cuando hallamos lo igual de ti y de mí,
descansa el amor de su lucha sobre verdades,
luego, lo distinto se alza,
nos pone en pie,
nos llama otra vez a vencernos por las minas oscuras,
en la cándida novedad, en fulgidas sorpresas,
¡con más luz¡
Nuestras almas se buscan por nuestro diferir,
por un camino donde no hay despedidas,
¡mirándose en su triunfo!
Amàlia Casajoana
31/7/17