Que leve el latido de tu corazón,
oí el último
cuando se detuvo.
¡Qué fuerte y profundo su secreto!
De lejos, en caballos celestes
legiones de ángeles vinieron por ti,
en un instante eterno
se unió amor y muerte.
¡Que ruido sin voces!
¡Que paz de soledad!
Como el olor de la corteza seca
saliste entonces de la muerte,
y en un solo instante,
mientras de la nada
crecían rosas perfumadas,
amor y vida te vistieron de luz.
Con alas blancas y triste sonrisa,
como la brisa,
¡tu alma vuelve a mí!
Amàlia Casajoana
10/5/17