Aligeré mi equipaje de recuerdos punzantes y neutralicé sus efectos con el razonamiento,
para que no dolieran. 


Así, lentamente, fui ganando espacio en mi interior.  La sensación de vacío me hizo sentir bien. 
¡Lo estaba consiguiendo! 

De pronto, sentí una fuerte punzada en mi corazón, miré hacia él y ví que estaba sangrando. 
Para no caer en picado me protegí como pude. 


Cuando conseguí descender, lo observé con más detenimiento y descubrí que uno de los hilos,
llamado sentimiento, seguía atado a la herida.


Miré al cielo ¡y recordé cómo se ama!

Con sumo cuidado desaté de mi corazón el hilo de los sentimientos, lentamente, el dolor desapareció
y el corazón dejó de sangrar. 

Entonces comprendi, que los sentimientos son una cosa y el amor otra.

Amàlia Casajoana
20/6/99
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