A primera hora de la mañana,
la luz de otoño se ve clara, sin mácula. Aún guarda en su memoria
los colores de las flores de primavera.
Hoy, como cada mañana, he abierto el balcón y una luz se ha
posado en la palma de mi mano
Cerrando la mano la he querido atrapar.
La luz, que no le gusta la oscuridad, se ha ido a posar en la otra mano.
Así, jugando, jugando, me ha hecho comprender...
¡Que la luz es! No se puede poseer.
Amàlia Casajoana
25/9/16