"No quiero ser la flor 
que se marchita con el tiempo.
Quiero ser el aroma
que guardes en tu recuerdo".

I

Suspiré profundamente… había recorrido un largo camino y quería descansar.

Eran las seis de la mañana de un día de invierno y empezaba a clarear.  Desde mi ventana, contemplaba las majestuosas montañas que me rodeaban, en su inmensidad parecían tocar el cielo. 

A esta temprana hora de la mañana, el silencio acompaña el trinar de los pájaros.  En esa quietud di paso a mis pensamientos, y ellos me llevaron a mis hijos.

Cumplida mi responsabilidad como madre, me sentía satisfecha.  Nuestra convivencia contribuyó a que afloraran en mí sentimientos escondidos en lo más profundo.

Superado el fanatismo de madre, la confianza mutua era el lazo que nos unía y con ella, una profunda amistad.

Así llegué a la boda de mi hijo menor, con la cual me quedaba sola, con un futuro por descubrir y un pasado lleno de experiencia.

Me situé en el presente y mentalmente hice un recuento de todo lo que poseía. Comprobé que mi fortuna solo consistía en lo que yo era.

Entonces me di cuenta de lo importante que eso podía ser y pensé, que esto sería ¡mi legado!

Si mi fortuna consistía en todo lo que yo era, escogería para mis hijos lo mejor de mí; y lo más valioso era el amor.

Para ser justa, lo distribuiría en partes iguales, pero cuál fue mi sorpresa al comprobar que el amor no se puede dividir, es una fuente sin fin.

Este descubrimiento me convertía en una mujer inmensamente rica.

Al principio me asusté.  ¿Qué haría ahora? Dentro de mí me pareció oír...

- Si el agua que sale de una fuente llena el cántaro de aquellos que lo acercan, así debe darse el amor.

Eso me hizo pensar que podría dar a muchos más, solo tendría que verlos con el rostro de uno de mis hijos.  Me tranquilicé, pero dudé… ¿por qué ponerle un rostro al amor? Esto limitaría mis posibilidades y podría empobrecerme.

"El amor, si para sentirlo
le vistes y le pones nombre...
No te engañes; eso, no es amor".

Medité sobre esa situación: lo más correcto sería no diferenciar.

Nuevamente oí esa voz interior que me decía: 

- El agua de la fuente no va en busca del que tiene sed, espera... y se da a sí misma a quien se lo pide.

¡¿Quién me estaba hablando?!  Sus palabras me daban a entender que solo aprovecharía esta entrega el que realmente  buscase: la pureza del sentimiento.

Ese descubrimiento frenó mi impulso, no quería precipitarme ahora que comprendía cómo dar el amor.

- El conocimiento que no se utiliza es peor que la ignorancia. 

Este razonamiento me hizo comprender, que saber esperar no quiere decir no hacer nada, simplemente es aprovechar el momento oportuno para no violentar el mecanismo del proceso.

No era fácil pero lo habia entendido, y percibí la importancia de la sutileza.

Actuaría con cautela para acertar en la forma. 

- El amor es el flujo Divino que se desprende del alma. 
Su poder se descubre en la forma de darlo.

¿Qué estaba diciendo, que el sentimiento del amor era una cosa y sentir su poder otra?
Mi interés creció. Él se dio cuenta y me dijo:

- ¿Te atreverías a comprobarlo?

Pensé que era una buena oportunidad y mi repuesta fue Sí.

Continuó hablando:

- El poder del amor no tiene ni rostro ni estandarte. Se sostiene en la verdad de uno mismo.

Esta vez, sus palabras me hicieron comprender que no podría experimentar ese poder, hasta que no limpiara mi mente de toda influencias ajena y reencontrara mi verdadera personalidad.

... Entonces conprendí que no estaba sola en este proceso.  Aquel diálogo interno me estaba abriendo a otra realidad del amor:  El poder del amor y su pureza.

Esta vez pude oír...

- Estás aprendiendo a ver con los ojos del alma.

A través de este diálogo, parecía fácil, pero aún no comprendia cómo había llegado hasta allí.

- Caminando por el sendero de la verdad.  

Respondió.

Sutilmente, con sus palabras, iba guiándome hacia mi Yo interior. De pronto, percibí que  ese era el sendero de la verdad del que estaba hablando.

- Naturalmente, de lo contrario no te harías tantas preguntas.

¡¿Qué me estaba ocurriendo?! ¡¿Quién era el que me respondía?!

- Mira en tu corazón y me verás.

¡Oh Dios, la semilla del amor!  ¿Cómo la pude olvidar?  Resplandecía en mi corazón como un arco iris. Su luz me envolvió y pude ver con claridad ¡El despertar de mi consciencia!  Eso era ver con  los ojos del alma.

La emoción que sentí me hizo olvidar el motivo que me condujo a la búsqueda: El deseo de dar un legado a mis hijos. 

"Oirás mi voz en el silencio,
porque yo soy tú y tú eres yo.

Seguirás mis pasos
por el sendero de la vida

¡hasta encontrarme!

Y serás tú el que se encuentre
porque nada cambia...
solo se modifica".


Sensibilizada por la experiencia, ya no dudé que volver al amor es reconocer en ti el poder de Dios. Este hecho te hace consciente de tu propio poder, pero solo la confianza en lo que realmente eres 
te conduce nuevamente 
a ser tú misma.

Esta verdad implica una gran responsabilidad hacia todos tus actos y a ser consecuente con ellos.

- Empiezas a comprender, dijo.

Era cierto, la venda que cubría mis ojos iba cayendo lentamente; parecía que nada había cambiado, sin embargo, para mí, todo empezaba a ser distinto.

Soñé que estaba despierta,
cuando en realidad estaba dormida,


ya que mi cuerpo solo es
el sepulcro blanqueado,

que guarda con sus gusanos
¡mi sueño!


Cuando comprendes lo poco que sabes de ti, es cuando empiezas a conocerte.

Es a partir de ese razonamiento cuando te das cuenta de quién eres. Y es precisamente el amor, lo que hace que sea posible descubrirlo.

Con todo ese movimiento interior, otra vez olvidé el propósito que me llevó a él: un legado para mis hijos.

- Aún te falta mucho por aprender, oí que me decía.

¿A qué te refieres? le pregunté.

- Con el amor, hay mucho más que dar.

Por favor, háblame de ello.

- Para poder comprender, tendrás que entrar de lleno a la verdad.

¡Lo haré!  Le dije sin dudarlo.

- Necesitarás recurrir al valor...
Y por mucho que agites tus alas, si te falta el valor para lanzarte, no conseguirás volar.

¿Qué quería decir con esto? ¿Quizás me había precipitado al responder?

- No te detengas en indagaciones, da un paso más.

Sus palabras me daban a entender que había percibido mi inseguridad.  Tomé conciencia de lo importante que podía ser para mí, conocer ese mucho más que el amor tiene para dar.

Esta vez no dudé, y me lancé para entrar de pleno dentro de lo que para mí aún era desconocido. 

En ese instante oí cómo decía :

- Ahora comprenderás ¡que no hay amor sin libertad! 




EPÍLOGO

"Despertar la conciencia
es el principio de la libertad,

es dejar de morir...
para empezar a vivir".

El reencuentro con mi voz interior hizo posible que abriera la mente, para avanzar en un nuevo concepto de vida.

VIVIR EL PRESENTE

Este nuevo concepto de vida, solo llega cuando has visto la luz del alma.  Es en ese momento cuando el miedo desaparece, pues sabes que eres capaz de vencer las adversidades de este mundo con esa fuerza interior de la que eres poseedor, si sabes utilizarla sabiamente.

La duda existe en el momento en que la confianza no está presente; nuestra fe se tambalea y nos sentimos indefensos. Ya no somos invencibles ni todopoderosos y entonces tenemos miedo.  La vida nos sobrepasa.

Ahora bien, si confiamos plenamente en nosotros mismos y en nuestras posibilidades, si sabemos que en nuestro interior somos tan perfectos como Dios hizo que fuéramos, ¿cuál es el obstáculo que no podemos salvar?

-¿Me lo preguntas, o prefieres que sean tus propias experiencias las que te respondan?  ¿No crees que así tendría más valor ese legado que quieres dejar a tus hijos?

... Hábilmente, mi voz interior me guiaba para que fuera yo misma la que encontra la respuesta, ya que solo es posible hallarla cuando eres capaz de vivir de acuerdo a lo que realmente eres.

Son esas experiencias las que te hacen ver la verdad, y puedes descubrir a través de ella el moho que ha ido incrustándose en todo tu ser, hasta cubrir la pureza de tu alma.

- ¿Sorprendida?  Me dijo.

Sorprendida era poco, estaba asustada. ¡Asustada de mi poder!

Fue entonces cuando vi escrito mi nombre con claridad en todos los rostros que había considerado causantes de mi dolor, a lo largo de mi vida, yo los creé.

-Este razonamiento es un buen principio para liberarte de lo falso de tu pasado.

Sonó como un oráculo y comprendí que si hasta entonces había utilizado mi poder inconscientemente para crear sufrimiento, a partir de ahora lo utilizaría de forma consciente para liberarme de él.


- Empiezas a ver con claridad, tú eres tu propio juez y verdugo.

Estas palabras me sonaron a sentencia y antes de que pudiera reaccionar dijo:

- Una cosa es saber y otra distinta aprender. 

Esta vez consiguió confundirme.

 - Lo sé... te ayudaré a entender...

- Tú sabes quién eres, pero has de aprender a ser lo que eres. 

Y como siempre, ¡otra vez quise aprender!

Amàlia Casajoana
12/02
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