De la mano tú y yo, con los ojos vendados y el corazón
sediento de compromiso, entramos en lo oculto de la convivencia.
                
Dos árboles con muchas raíces y muchas ramas,

algunas carcomidas por la sombra de su ignorancia.

Otras, las menos,
con deseos de participar desde la claridad.

Caímos en los zarzales de la experiencia:
Nos levantamos una y otra vez, 
con la esperanza de ver nuestro objetivo cumplido.

Con mi energía, te nutriste,
con la esperanza de sobrevivir a la herida.

Sin embargo, la carcoma de tus ramas, acabó,
"con la sabia que te sostenía". 

Amàlia Casajoana
29/7/16
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