Con el corazón vibrante de esperanza,
confiando en que su generosidad
había sido comprendida,
buscó oxígeno para seguir viviendo.
Subió a la más alta montaña, donde el río nace;
cuyas aguas cristalinas dan de beber
a un águila que anida allí.
Como el águila, también bebió de sus aguas,
y pudo ver en ellas, ¡hasta su fondo!
Quiso ser como el agua y fluir:
aprendió del río a soltar su carga.
Y como el agua también llegó a su fondo...
¡Para reencontrarse a sí mismo!
Amàlia Casajoana
22/8/16