De pronto, una ráfaga de viento, invadió el silencio del crepúsculo.

Los árboles temblaron con su fuerza.  De las frondosas ramas,
se desprendieron sus hojas y flores, quedándose desnudos.
                                                                
El viento se las llevó danzando para su ciclo de renacimiento,
y así, nada se perdió.

Con gran destreza y conocimiento, seleccionó por sus colores 
hojas y flores 

y las dejó en su cuna para empezar un nuevo proceso de vida.

Sin embargo, excluyó el negro, para que de noche se puediera ver,

¡como brillan las estrellas!

Amàlia Casajoana
11/8/16
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