El sistema (primera parte)

Ese séquito invisible  que camina contigo tiene tu nombre  y  recibe la energía de esas afirmaciones que haces a tu estructura celular. Aunque no seas consciente de su presencia, siempre está dispuesto para prestarte su ayuda.

Todo ser humano lleva su propio séquito, el cual está a su servicio. Cuando despiertas a esa realidad, la energía fluye de forma intrínseca y puedes liberarte más fácilmente del victimismo. 

Esta simplicidad quizás te sorprenda. Sin embargo, has de tener mucho valor para hacer esos anunciados de súplicas ya que algunas veces, solo algunas, ese dolor o aflicción te ha definido tanto que no sabes cómo actuar.

La sociedad donde vives no ayuda a salir de la preocupación que te induce a la enfermedad y esto hace que no te sientas saludable. No obstante, dicen tener una respuesta.

Entonces, parece ser que esta misma sociedad, exige un cierto comportamiento para ponerte una etiqueta de algo que tú ni tan siquiera conoces. Sin embargo, con el tiempo llega a preocuparte y de ahí surge el dolor físico y psíquico.

Es como si esa parte de la sociedad que dice tener la respuesta te dijera: Sabes que no has de vivir para siempre por consiguiente mejor que empieces a preocuparte de tu salud dese ahora. Esto crea una energía hipocondríaca a una gran parte de la humanidad que teme a la muerte.

Muchas de las enfermedades, dolores o anomalías que están ahí contigo, es porque tú las esperabas y lo has dicho en voz alta y esto, es una afirmación. Por ponerte un ejemplo: es como dar una orden del menú que quieres comer a un restaurante y así te lo sirven.

¿Te dijeron esto antes? ¿Te gustaría cambiarlo? Eso, es otro paradigma.

Amàlia Casajoana

<V de VIII>
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