El sistema (primera parte)
Empezaré hablando del primer interruptor.
Son tantos los que caminan por este planeta tristes y afligidos sintiendo ese dolor que les acompaña a lo largo de su vida, que esto los define. Y simplemente me refiero a uno de esos interruptores.
No estoy hablando necesariamente de ti, pero tú sabes, de lo que estoy hablando. El dolor por una pérdida que puede ser distinta en cada uno. Sin embargo, en tanta más edad tienes más experiencias de esta índole has sufrido. Tal vez la muerte de tus padres, o quizás sea algún familiar o amigo. Incluso podríamos estar hablando del mismo amor.
¿Y si se diera la circunstancia de que esa muerte fuera la de tu propio hijo? ¿Cómo superarías tal situación? Está tan apegado a cada una de tus células que lo llevas contigo donde quiera que estés.
Por eso te digo: Aunque finges estar bien, no es real, es pura apariencia. En el transcurso de tu vida, cualquier evocación de ese suceso te deja en evidencia ya que es la causante de tu dolor, de tus lágrimas. Pero esto no es todo. Tu vulnerabilidad ante cualquier situación que te lo recuerde hace que aflore la tristeza que llevas dentro de ti.
Entonces hazte la pregunta: ¿Temes quedarte sin ese dolor?
Se sincero contigo y te darás cuenta de que ese dolor se ha convertido en un hábito.
Hacer un duelo y sentir tristeza es lógico y apropiado, pero no toda tu vida. No hay ningún reglamento que te diga que tu pérdida debe ser cargada para siempre. Si alguien te dijo esto estaba equivocado porque la verdad es todo lo contrario. Tú tienes las herramientas para recuperarte.
Amàlia Casajoana
<III de VIII>