Los grandes cambios sociales, sobre todo los que inciden en el núcleo familiar, suponen para los padres un gran reto en la educación de sus hijos.

La dicotomía que se genera en su interior viene motivada por el mero hecho de ser “protectores y educadores” a la vez.

La protección a los hijos es una cualidad innata en los padres.

En su educación, influye de forma determinante la capacidad de los padres para asumir esta responsabilidad. Del mismo modo, su condición moral dejará marcado en sus hijos el nivel evolutivo de su proceder.

En nuestra sociedad todos somos “educadores y educados”. Sin embargo, es dentro del entorno familiar donde la convivencia influye más en nuestra personalidad.

El esfuerzo que realicemos en ser conscientes de nuestros actos, nos ayudará a comprender y aceptar la “individualidad” de cada uno de nosotros.

Un trabajo colectivo en aras de mejorar nuestro comportamiento elevaría de de forma relevante el nivel actual de conciencia familiar y  por consiguiente social.

Amàlia Casajoana
20/5/19
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